_MG_4242.jpg
_MG_4243.jpg
_MG_4255.jpg
_MG_4235.jpg
_MG_4260.jpg
_MG_4225.jpg
_MG_4233.jpg
_MG_4218.jpg
_MG_4241.jpg
_MG_4242.jpg

alcala2


SCROLL DOWN

alcala2


_MG_4243.jpg

alcala4


alcala4


 

_MG_4255.jpg

alcala9


alcala9


En una de las piscinas naturales que se asientan sobre la costa de Alcalá, tuve oportunidad de conocer a un señor muy agradable del norte de la isla. Mientras charlábamos, pasaban hacia un lado y otro parejas aisladas de turistas para hacer uso de las zonas de baño. Observaba que él siempre trataba de saludarles, dedicarles una sonrisa al menos, con afán de interactuar. Un gesto que, aunque sencillo, me llamó la atención porque lo repetía con todo el que cruzaba por allí.

La conversación nos llevó por esos derroteros y no sé cómo acabamos hablando de turismo y flujo de personas. El hombre concluía, en tono reflexivo aunque con cierta lástima, que era una verdadera pena recibir en Canarias tantos millones de turistas al año, gente que va y viene, con la que más allá de un vacío trato comercial, apenas intercambiamos información.

Inmersos en plena sociedad del conocimiento, en los tiempos de las TICs, las redes sociales y el big data, pienso en el valor que tendría esa información potencial, la de los turistas que pasan por Canarias, convertida en un activo para el archipiélago.

Aquello me pareció muy revelador. Cada día nos tropezamos con muchísimos visitantes extranjeros que obviamos. Seres humanos que de forma inconsciente reducimos a mercancía. No sólo es cuestión de actitud y educación. Hay que tender puentes a todos los niveles para acercarnos al turista, de forma que el intercambio sea gratificante y beneficioso para todos.

Por eso, con mucha razón este señor se quejaba. Decía que cada turista que se va es una oportunidad perdida para relacionarnos con personas con otra visión de mundo, otra cultura. Una oportunidad desperdiciada, en definitiva, para enriquecernos como seres humanos.

_MG_4235.jpg

alcala5


alcala5


 

Lugar apacible en el que conviven turistas y locales, Alcalá representa un pequeño reducto con respecto a las grandes zonas masificadas del sur de la isla.

Guarda cierta esencia de los pueblos de siempre. Enclave cercano, atlántico. Agrada encontrar a sus mayores sentados en los bancos más codiciados, aquellos que tienen sombra. Tanto Alcalá como los pueblos aledaños (Playa San Juan, Los Gigantes) se encuentran resguardados de la nube que trae el alisio. Con escaso viento, toda esta costa suroeste disfruta del mejor clima de la isla.

En los días claros parece que uno puede llegar a La Gomera nadando. Un hotel de lujo de reciente construcción ha permitido rehabilitar todo el litoral, que se ha integrado con el pueblo de manera ejemplar. 

El resultado ha dejado extensos paseos con el océano como único protagonista: calas de arena negra, espacios abiertos y varias piscinas naturales sacan el máximo provecho a una costa antes infrautilizada.

 
_MG_4260.jpg

alcala6


alcala6


Alcalá respira en el Atlántico. Unas gradas de madera en primera línea de mar bien integradas en el entorno justifican que, efectivamente, el espectáculo está en el océano
_MG_4225.jpg

alcala3


alcala3


_MG_4233.jpg

alcala9


alcala9


_MG_4218.jpg

alcala8


alcala8


_MG_4241.jpg

alcala7


alcala7