Le encontré en la venta del pueblo tomando una cuarta de vino de la zona. Entre otras anécdotas, cuenta con orgullo que lleva viviendo en Afur toda su vida. Cuando era joven, se enamoró de una chica de La Palma y fue hasta allí a buscarla: "Me acuerdo hasta de sus apellidos" -sonríe emocionado. "La cosa no funcionó. Se fue para Bélgica y nunca más supe de ella."

Vive solo en Lomo Centeno, un grupo de casas construidas en cuevas, situadas a 15 minutos barranco arriba desde Afur. Baja todos los días para buscar el pan, aunque hoy además toca cargar la bombona del gas. Le subimos en coche bordeando el barranco con cierto vértigo a través de una pista estrecha de tierra.

Las vistas espectaculares desde su casa enseñan sin barreras las montañas de Anaga y el mar. Fermín insiste en compartir un rato más con nosotros y nos ofrece tomar algo. Su disposición nos ablanda. Conmueve sus ganas de contar cosas, de hacerse escuchar. De reafirmarse ante el silencio cotidiano de unas cumbres solitarias.

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