Una de las grandes certezas que existen entre la experiencia de quienes han visitado las Islas es la de la variedad de sus paisajes. El amplio abanico de contrastes naturales le concede al archipiélago canario una riqueza muy atractiva para el visitante. Zonas áridas semidesérticas que se funden con frondosos montes de laurisilva. El propio litoral insular, abierto al Atlántico, como desembocadura de terrenos volcánicos, yermos aunque imponentes, que te trasladan a otro planeta.

Los diferentes escenarios se funden entre sí y se exponen como un homenaje a lo diverso. Por eso Canarias no se resume en una foto, premisa que se certifica también con uno de sus principales atractivos, las playas. Aquí la división es clara. Se pueden encontrar de dos tipos: de arena amarilla, o de arena negra. ¿Qué cuál es mejor? He probado ambas, y créanme, no sabría decidirme.

Pero hoy toca hablar de arena negra. De experiencia local. De un rincón que se mantiene al margen de las grandes masas de turistas. Un lugar auténtico frecuentado por canarios y algún que otro turista intrépido.Me traslado al norte de Tenerife, concretamente al Valle de La Orotava, para hablar de la costa del Rincón y sus playas: El Bollullo, Los Patos y El Ancón. Tres extensiones de arena negra que descansan a los pies de unos acantilados coronados por cultivos de platanera. El lugar es único, y tiene el valor de conformar un espacio idóneo para la desconexión absoluta.

El propio acceso a cada una de ellas deja intuir que la experiencia difiere de un día de playa convencional. Pistas sin asfaltar, olor a platanera o las impresionantes vistas desde arriba que dejan los senderos hacia el océano, anuncian que te adentras en un paraíso en el que el progreso pasó de largo. Y es que muy poco ha cambiado la zona durante décadas, he ahí gran parte de su valor actual.

La playa más accesible de las tres, y por ello la más solicitada, es El Bollullo. Se puede llegar en coche desde la autopista TF-5, o caminando a través del sendero costero que conecta con Puerto de la Cruz. Para aparcar  no tendrás problema aunque hay que pagar 1,50 € para todo el día. La gran distinción del Bollullo con respecto a sus vecinas es la presencia del chiringuito, lugar emblemático y muy socorrido para disfrutar de una caña fresquita o algún que otro tentempié entre baño y baño.

Contiguas al Bollullo se sitúan el Pozo y Los Patos, unidas entre sí al bajar la marea. Para llegar hay que desviarse justo antes de comenzar a bajar las escaleras que llevan a la primera. El sendero comienza con un mirador que permite disfrutar a ambos lados de gran parte de la costa norte de la isla. Entre tarajales y a través de un camino un tanto irregular, llegarás hasta el acceso directo a la costa. Advierto que el tramo final no está en las mejores condiciones de seguridad, por lo que se requiere cierta precaución.

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Para llegar a Los Patos, debes cruzar a pie la Playa del Pozo, separada por una fila de callaos que actúa de límite natural entre ambas. Desde que cruzas la citada hilera de piedras, uno sabe que ha hecho bien. Los Patos (la más extensa de las tres playas) es una verdadera maravilla natural, un vergel cubierto de fina arena negra donde el tiempo se paraliza. El lugar perfecto para reencontrarse consigo mismo. Y es que la playa atrapa desde que llegas. A tus espaldas, el acantilado frente al mar completa un enclave virgen que te transporta al paisaje primigenio de estas islas.

Varias recomendaciones: la primera es que en la medida de lo posible elijas un día con marea baja, sin ninguna duda es la mejor forma de disfrutar de este paraíso. También sugiero que lleves algún refrigerio, porque una vez abajo no hay marcha atrás.

El camino hacia El Ancón exige dejar el coche en otro lugar. Debes aparcar a medio camino, en los alrededores del Restaurante San Diego (muy fácil de encontrar a mitad del trayecto) y caminar, mirando hacia el mar, para tu derecha. Tras 10 minutos de paseo entre fincas, el camino desemboca en un pasaje estrecho por el que debes bajar. Cruzarás la playa de Los Patos desde lo alto del acantilado, disfrutando de un espectáculo visual que merece mucho la pena. Cardones, plataneras… y abajo una alfombra de arena negra que da la mano al océano. La vista es sencillamente inolvidable. Seguimos avanzando otros diez minutos, nuestro destino se sitúa justo detrás de un caserón abandonado visible en todo momento desde el sendero. Como El Bollullo, su tramo final consta de unas escaleras que llegan hasta la misma arena. El Ancón es otro paraíso natural. Un cala resguardada por las rocas, alejada de la civilización, y para muchos usuarios habituales la opción favorita de las que aquí se exponen.

Artículo para BeCanarias

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